Josep Tarradellas Casa Tarradellas

La consellera de Gobernación de la Generalitat, Meritxell Borràs, ha destacado hoy que la figura del presidente catalán Josep Tarradellas es un ejemplo de que la “legitimidad de nuestro autogobierno no nace con la Constitución, sino que viene de una legitimidad histórica muy anterior”.

Meritxell Borràs ha presidido esta noche en Cervelló (Barcelona), localidad natal de Josep Tarradellas, un homenaje al que fue presidente de la Generalitat con motivo del 29 aniversario de su muerte y de los 40 años de su retorno a Cataluña.

Según ha informado el Departamento de Gobernación, Borràs ha señalado que “el retorno del presidente Tarradellas justo al inicio del postfranquismo y antes de la aprobación de la Constitución es una prueba clara de que Cataluña es un sujeto político y, por esto, los catalanes tenemos el derecho de decidir nuestro futuro nacional”.

“Cataluña vive un momento decisivo de su historia, una historia milenaria de un pueblo que ha sido, es y quiere continuar siendo”, ha remarcado la titular del Departamento de Gobernación.

Borràs también ha recordado la “tenacidad y firmeza” que Tarradellas mantuvo durante los 38 años que permaneció en el exilio, 24 de ellos como presidente de la Genralitat, y que “fueron la llama que mantuvo la legitimidad histórica de la Generalitat de Cataluña”, ha subrayado.

Finalmente, la consellera ha puesto de relieve el valor de la transversalidad del presidente Tarradellas, ya que “supo sumar en un momento decisivo de la historia de nuestro país a personas muy diferentes, con ideologías incluso confrontadas, pero con un denominador común: la defensa de la democracia”.

En este sentido, Borràs ha concluido que “hoy vivimos un momento en el que personas de ideas y proyectos políticos bien diferentes trabajan juntas para dar a los catalanes la oportunidad de ejercer su derecho a escribir su futuro”.

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Me alegra mucho que el presidente de la Generalitat proponga al Gobierno de España una “operación Tarradellas”, que saque en procesión a Tarradellas o, simplemente, mencione a Josep Tarradellas. Lástima que lo haga a estas alturas y no hace cinco años en los que el Govern ha hecho exactamente lo contrario al espíritu, el talante y el realismo político de Tarradellas…

Tener una edad comporta algunas ventajas: a diferencia de la Barcelona de 1714, uno recuerda perfectamente la de 1977 cuando sin TV3, sin campañas ni elecciones en balde, el pueblo de Catalunya apoyó de forma espontánea el retorno de un símbolo. Aquello era un clamor cargado de fuerza. Entonces sí era imparable “tanta democracia”, a diferencia de mayo del 2017.

Siendo un estadista catalán, es una pena que el soberanismo haya homenajeado a una singular galería de personajes –Luther King, Gandhi, Rosa Parks, Santi Vidal o el gran Cameron– y haya tardado tanto en hablar de ­Josep Tarradellas, del que muchos ­patriotas ya desconfiaron en su día. La mayoría de los catalanes –sin necesidad de contarse una y otra vez– hicieron suyos los valores de autogobierno mediante diálogo leal con Madrid, realismo político y afán de concordia. No me importa repetirme: Puig­demont no tiene a todo el pueblo de Catalunya detrás y sus métodos y objetivos son confusos, a diferencia de Tarradellas. La mitad, sí. Una mitad insuficiente para unilateralismos…

Yo no me imagino a Josep Tarradellas plantándose en Madrid con un “referéndum o referéndum”, incompatible con cualquier petición de diálogo honesto. Ni dando lecciones de democracia cuando, ese mismo día, el diario El País publica un borrador de la ley de desconexión que pone los pelos de punta a cualquiera aunque sólo sea un texto de entre muchos… ¿Y ustedes –señores y señoras del Govern de la Generalitat– viajan por el mundo llenándose la boca de democracia?

Mientras haya ese “referéndum o referéndum” es imposible el diálogo sincero que reclama el president Puigdemont. ¿Hay que estrellarse contra un muro obligatoriamente y pisando cada día más fuerte el acelerador? Porque hay un muro y el coche se estrellará. Al parecer, se trata de una maniobra táctica. Curiosa manera de hacer política y tensar al pueblo. No suena a tarradelliana…

Y acelerando sin mirar atrás para no ver que no hay mayoría social –ni parlamentaria– para desafiar al Estado, que está ganando la partida internacional (ni un solo embajador en el auditorio). Y tal como se hacen las cosas, tampoco hay fuerza para un referéndum unilateral homologable. Es lo que tiene improvisar a partir del error –anticipadas del 2012–, simular victorias y tratar de encajar la descompo­sición de CDC en un proceso caótico. ¿Operación Tarradellas? Sí, empezando por nosotros los catalanes.

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha advertido hoy al PDeCAT de que el referéndum soberanista no se puede celebrar en el marco de la Constitución porque sería “retorcer” la ley, y ha considerado que “ni siquiera el señor Tarradellas hubiera hecho eso”.

Ha sido en la sesión de control al Gobierno del pleno del Congreso, en contestación al portavoz del PDeCAT, Carles Campuzano, que le ha preguntado qué respuesta tiene previsto dar “a la demanda de la sociedad catalana de decidir el futuro político de Cataluña con un referéndum”.

“Cataluña se siente nación. Cataluña ejercerá su derecho a decidir, más tarde o más temprano. Hay cosas que no pueden evitarse”, ha subrayado Campuzano, que ha invitado a Rajoy a “abandonar toda esperanza de impedir el referéndum” a través del conflicto competencial y el código penal y a sentarse a dialogar.

A juicio de Campuzano, lo que se necesita es “voluntad política y audacia”, como la que tuvo -ha apostillado- Adolfo Suárez hace 40 años pactando el regreso del presidente Josep Tarradellas y restaurando la Generalitat republicana antes de la aprobación de la Constitución y sin un marco legal específico que lo amparase.

Rajoy, por su parte, le ha reprochado que apelara al principio democrático de un hipotético referéndum intentando disociarlo de la ley, “algo que no es admisible”, ha avisado, porque lo más importante en una democracia es que todos están sujetos “al imperio ley”.

“Y no debiera apostar por retorcer la ley”, ha agregado Rajoy, antes de pedirle que no utilizara como argumento la figura de Suárez, que “jamás hubiera liquidado la soberanía nacional y jamás hubiera ido en contra de la unidad nacional”. “Y ni siquiera el señor Tarradellas hubiera hecho eso”, ha recalcado.

Rajoy ha señalado además que los soberanistas que han “organizado este planteamiento” han dejado muy poco margen, ya que sólo tienen voluntad para hablar de que el referéndum “se tiene que celebrar sí o sí”.

El presidente del Gobierno ha apostado, “como la inmensa mayoría de los españoles”, por seguir viviendo “juntos todos como siempre”, convencido de que es “lo mejor para todos”, y ha argumentado que así se decidió cuando se aprobó la Constitución, cuando, entre otras cosas, se afirmó la unidad de la nación española y la soberanía nacional.

Por eso, ha insistido en que es el conjunto de los españoles el que tiene que decidir sobre lo que quiere que sea su país, antes de apuntar al PDeCAT que si ellos, que también votaron esa Constitución, cambian de opinión, “están en su derecho”, pero la vía es proponer una reforma de la Carta Magna y sacarla adelante, para estar en una situación distinta.

Lo que a Rajoy no le parece “muy razonable” es que para “satisfacer” sus pretensiones el Gobierno se salte la ley. “Cosa que evidentemente -ha añadido- no lo puedo hacer, porque además no creo en ello y en ningún caso lo haría por una causa tan profundamente injusta como es ésta”.

“Nadie en el mundo tomaría una decisión de esa características”, ha advertido, si bien ha precisado que, aunque la tomara, “sería igual” porque la decisión en cualquier caso corresponde al Congreso y luego al pueblo español.

Durante su intervención, Carles Campuzano ha rebatido sus palabras y ha esgrimido el “principio democrático sobre el que se sustenta el ordenamiento político” o las opiniones de distintos constitucionalistas, como Francisco Rubio Llorente, que dijo que sí era posible un referéndum.

También ha argumentado Campuzano que no es sólo la demanda de los partidos soberanistas, sino que es una petición de la inmensa mayoría de la sociedad catalana.

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La consellera de Presidencia y portavoz del Govern, Neus Munté, ha considerado que el expresidente de la Generalitat en el exilio Josep Tarradellas es un “referente imprescindible” del derecho a decidir por su coraje y su capacidad de diálogo y negociación.

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En el acto de conmemoración del 40 aniversario del retorno del presidente Tarradellas celebrado en Madrid, Munté ha afirmado que, precisamente este lunes, cuando ha declarado la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, en el TSJC por permitir votar resoluciones soberanistas, el Govern apela todavía más a “la serena obstinación de Tarradellas y al convencimiento de que la justicia se acabará imponiendo”.

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“La política debe ser reivindicada y ejercida como el único instrumento válido para dirimir conflictos. Sin apriorismos, con amplitud de miras y con respeto a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos”, ha añadido.

Cuando se cumplen 40 años del retorno del que fuera presidente de la Generalitat en el exilio desde el año 1954, Munté también ha lamentado que en la España de 1977 existiera “una voluntad política, amplitud de miras y una voluntad muy clara de negociar y dialogar”, como la que propició el regreso de Tarradellas, “que en estos momentos no sucede”, según la portavoz del Govern.

“Encontramos a faltar esa amplitud de miras y esa voluntad negociadora y el concepto de la política como instrumento que puede dirimir los conflictos que también son politicios”, ha afirmado Munté en declaraciones a los medios en Madrid, antes de participar en la mesa redonda ‘Madrid en el imaginario del president Tarradellas’ celebrada en el centro cultural Blanquerna.

Durante su intervención en la mesa redonda, la portavoz de la Generalitat ha asegurado que el Gobierno español de Adolfo Suárez fue en 1977 “más dialogante y abierto que el actual” al entender que era necesaria la restauración de la Generalitat en las “condiciones adversas” de la Transición y en un momento en el que todavía no había sido promulgada la Constitución del 78.

“No somos ningún problema, somos una realidad, y como entonces, hacemos oír nuestras demandas desde planteamientos pacíficos”, ha defendido Munté para exigir que las divergencias políticas no tengan que resolverse “en los juzgados”, aludiendo a la declaración de Forcadell este lunes en el TSJC.

HITO PARA LA “DEMOCRACIA ESPAÑOLA”

Ante un auditorio donde se han congregado diputados y senadores, además del secretario general de la UGT, Pepe Álvarez, Munté ha señalado el retorno de Tarradellas tras 38 años en el exilio no solo como un acontecimiento importante para Cataluña, sino para la “democracia española”. Una opinión compartida por Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los ‘padres’ de la Constitución y presente en el acto.

Para Herrero y Rodríguez de Miñón, el regreso de Tarradellas fue “muy simbólico e importante” para España porque en ese momento “reconoció que se podía integrar sin mengua a la identidad nacional de Cataluña” en el Estado.

El ‘padre’ de la Constitución ha recordado a Tarradellas como un hombre “notable, capaz, honesto, honorable y competente” que se convirtió en un “símbolo” que “personificó la institución de la Generalitat y de la identidad de Cataluña”.

Herrero y Rodríguez de Miñón ha admitido que colaboró en el regreso de Tarradellas “aunque de una manera muy escasa” al trasladar las negociaciones al entonces vicepresidente segundo del Gobierno español, Vicente Osorio, cuya presencia también estaba prevista en la mesa redonda, aunque finalmente no ha podido asistir al encontrarse en una consulta médica. Durante el acto, que ha sido presentado por el delegado de la Generalitat en Madrid, Ferran Mascarell; han participado también el historiador y profesor de Historia Contemporánea de la UAB, Joan B. Culla; y Octavi Vila, abad del Monasterio de Poblet, donde se custodia el archivo personal de Tarradellas, que fue president de la Generalitat hasta 1980, cuando Jordi Pujol le relevó en las urnas.

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Otoño de 1977, hace 40 años. La España que intenta dejar atrás la dictadura legaliza a golpe de real decreto la Generalitat de Catalunya, disuelta tras la ocupación militar de Barcelona por las tropas franquistas en 1939. Y reconoce a su presidente, Josep Tarradellas i Joan, elegido en el exilio republicano en México en 1954, que reside entonces en el clos Mosny de Saint-Martin-le-Beau (la Turena, Francia).

Tarradellasconseller de Finances de la Generalitatrepublicana y responsable de la Comissió d’Indústries de Guerra (CIG), que coordinaba la producción y el abastecimiento de armas al ejército de la República, es entonces un hombre de 78 años que tiene un sueño y una obsesión: volver a Catalunya como presidente de la Generalitat. De la ley a la ley: la misma legislación de los ganadores que lo echó le permitirá volver, hechos los correspondientes ajustes.

Todavía no hace dos años que el general Francisco Franco ha muerto, en la cama. Y apenas uno que Juan Carlos I, su sucesor a título de rey, y los sectores más aperturistas encabezados por el presidente Adolfo Suárez, han impulsado la ley de reforma política, que tiene que encarrilar a España hacia la democracia “desde la ley a la ley”.

Las primeras elecciones desde el fin de la guerra de 1936-39 -constituyentes-, se han celebrado el 15 de junio. En Catalunya han ganado las izquierdas, los socialistas y el PSUCLaureà López Rodó, exministro del régimen, solo ha obtenido un escaño, el suyo, encabezando las listas de AP, el partido con que Manuel Fraga ha intentado reagrupar el franquismo civil. El gobierno de la Generalitat provisional que presidirá Tarradellas, un ejecutivo de concentración de todos los partidos del catalanismo, sería el primero de Europa occidental con miembros del partido comunista desde desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La Constitución tardará un año largo todavía en aprobarse (1978). Dos el Estatuto de Autonomía de Catalunya (1979), y pasarán casi tres (1980) antes que los catalanes puedan elegir de nuevo a su Parlament. Pero el retorno de Tarradellas, el 23 de octubre del 77, culminará en el unánimemente considerado como el único acto de “ruptura” operado en el marco de la transición española: la “legalización” de una institución de la época de la República, la única. Si bien, la Generalitat fue fundada en el siglo XIV: antes de Tarradellas había habido 124 presidentes. La Generalitat es preconstitucional, como también pre-republicana. Por eso, el real decreto-ley que la restableció, fruto de la llamada Operación Tarradellas, empieza como sigue:

“La Generalitat de Catalunya es una institución secular en la que el pueblo catalán ha visto el símbolo y el reconocimiento de su personalidad histórica, dentro de la unidad de España”.

DECRET1

Número 1 del recuperado Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya(DOGC), con los decretos de restablecimiento de la institución y el nombramiento del president

El 40 aniversario de aquellos hechos coincide con un nuevo momento crucial de la historia de Catalunya. Las circunstancias han cambiado. Las leyes, también. ¿Pero por qué la ley democrática es ahora un muro levantado contra la reclamación de un referéndum sobre el futuro político de Catalunya, una demanda mayoritaria entre las fuerzas políticas y la ciudadanía, según acreditan todas las encuestas, y entonces no lo fue la ley posfranquista para el restablecimiento de la Generalitat? ¿Por qué la “ley” es la principal arma ofensiva en manos del gobierno del Estado para “ilegalizar” el proceso independentista, o inhabilitar a sus promotores políticos, y entonces fue la herramienta para cumplir el mandato del pueblo expresado en las urnas?

La “legalización” de la Generalitat en los inicios de la transición fue un acto casi “revolucionario” amparado en el tránsito de la ley (posfranquista) a la ley (preconstitucional). Entre la ley de reforma política aprobada en noviembre de 1976 por las Cortes del régimen, y los reales decretos, dos de la jefatura del Estado y dos más de la presidencia del Gobierno, que materializaron el restablecimiento de la Generalitat y el reconocimiento de Tarradellas como presidente. Todos ellos se publicaron al primer número del Diario Oficial (DOGC) de la Generalitat provisional.

La “legalización” de la Generalitat en los inicios de la transición fue un acto casi “revolucionario” amparado en el tránsito de la ley (posfranquista) a la ley (preconstitucional)

No hay más: “de la ley a la ley”. La legalidad española, cuando la transición todavía estaba en mantillas, se adaptó a las demandas del “pueblo catalán” -al cual se alude en el real decreto-ley 41/1977 de 29 de septiembre sobre restablecimiento provisional de la Generalitat de Catalunya– y a las de “la gran mayoría de fuerzas políticas” que concurrieron “en Catalunya” a las elecciones del 15-Jdel 77. El real decreto-ley incorporó así una lectura claramente plebiscitaria, y vinculante, del resultado de aquellos comicios a las Cortes constituyentes, en los que “la gran mayoría” de las fuerzas políticas defendió “la necesidad de restablecer a la Generalitat“. Hay que subrayarlo: una lectura plebiscitaria hecha por Madrid del resultado en Catalunya de unas elecciones generales que sirvió para legitimar políticamente -y, ahora sí, democráticamente- la recuperación de la Generalitat.

¿Por qué entonces sí y ahora no? El historiador JaumeSobrequés, que fue senador por Girona en al lista de la Entesa dels Catalans, integrada por casi toda la izquierda y el nacionalismo en las elecciones del 15 de junio del 77, y portavoz del PSC años después, cree que hay dos razones fundamentales: el “sentimiento unánime que sin resolver el problema catalán no era posible consolidar la democracia en España” y el hecho de que entonces, desde Catalunya, “sólo se pedía la autonomía, no la autodeterminación“.

En opinión de Sobrequés, fue Suárez quien hizo posible la operación retorno de Tarradellas “de la ley a la ley”, en plena España posfranquista, saliendo “de una dictadura feroz”, y sin Constitución, destaca. La ingeniería política, y jurídica, le dio la cobertura legal. Los acontecimientos se precipitaron en un tiempo récord: entre el 27 de junio -primera entrevista, sin resultado, entre TarradellasSuárez a Madrid- y el 1 de julio -la segunda, con acuerdo; y con la manifestación “del millón” de la Diada del Onze de Setembre como factor que todavía aceleró más el proceso.

TARRADELLAS SUAREZ 22 OCT 1977 EFE

Los presidentes Suárez y Tarradellas el 22 de septiembre de 1977

En aquel momento, Madrid reaccionó de manera muy diferente ante el “LlibertatAmnistia i Estatutd’Autonomia” que como lo ha hecho desde el 2012 ante las mucho más multitudinarias manifestaciones por la independencia. El mismo Sobrequés recuerda en el libro El triomf de la memòria. La manifestació de l’once de setembre de 1977, obra a seis manos con David Ballester y Manel Risques, que la manifestación del passeig de Gràciadio fuerza a los parlamentarios que la habían convocado y al mismo Tarradellas, que pudo evidenciar el apoyo popular a sus propuestas ante Madrid. Pero también al propio gobierno Suárez ante los sectores más involucionistas “a la hora de hacerles comprender la necesidad de encontrar una salida controlada y con límites asumibles a las pretensiones de autogobierno del pueblo catalán”.

Sobrequés: “Los que se sentían débiles después de la muerte de Franco ahora se sienten valientes”

Y es que la relación de fuerzas también era otra. “Los que se sentían débiles en el 77 después de la muerte de Franco ahora se sienten valientes. Y no sólo en el PP, también en el entorno del PSOE“, explica Sobrequés a El Nacional. He ahí una de las claves del ayer y el ahora. En el 77, el relato hegemónico a la política española, del universo mediático y de la intelectualidad, era (cuando menos, en la superficie) otro: aunque gobernaba la UCD de Suárez, al fin y al cabo un partido de posfranquistas, la izquierda imponía el discurso en favor de la democracia y de los derechos, también el derecho al autogobierno de las “nacionalidades” -el PSOE admitía incluso la autodeterminación-. Y la prensa, la prensa “libre” después de 40 años de censura, y los intelectuales “progres“, se lo hacían suyo.

DIARIO16

Portada de Diario 16 del 12 de septiembre de 1977, después de la “Diada del milió

PAIS

El País del 13 de septiembre de 1977 elevó a millón y medio los asistentes a la Diada

Madrid era otra cosa. Por el camino, algo ha cambiado. La indiferencia de la mayoría de la clase política española ante actos como el asalto ultra a la librería Blanquerna, la sede de la delegación de la Generalitat en el 2014, o el “comité de recepción” del mismo estilo que el expresidente ArturMas se encontró este martes a las puertas del Ateneo, en la misma capital española, donde participó en un debate sobre el proceso catalán con l’exministro José Manuel García-Margallo, son una prueba fehaciente.

ELPAIS

Portada del diario El País del 12 de septiembre del 2016, el día siguiente de la última Diada independentista

En el 77 se podía traer de Francia un presidente de la Generalitat en el exilio a Madrid y si hacía falta -como sucedió con Tarradellas– se le hacía el pasaporte en Barajas. Ahora se lo inhabilita -cómo le ha sucedido a Mas- por haber puesto unas urnas de cartón en la calle. Manuel Milián Mestre, periodista, asesor del Foment del Treball y expolítico de AP y el PP, era desde los inicios de los años setenta uno de los hombres de Fraga en Catalunya y estuvo en todas las cocinas y cocinillas de la transición o bien cerca de ellas, entre las cuales, la del retorno de Tarradellas, a quien visitaba en el exilio y trasladó mensajes del gran timonel de la derecha y exministro de Franco. Milián cree que la operación fue posible, fundamentalmente, porque hubo “voluntad política”. Este marco permitió, a su parecer, que Suárez, en la línea del camino abierto por Torcuato FernándezMiranda y asistido por hombres como el jurista y el ministro José Manuel Otero Novas, pudiera hacer “una interpretación laxa de la ley”, que se pudieran “estirar las leyes del franquismo”. “En aquel momento, la gente era muy adaptativa, porque se buscaban puentes para el futuro”. Y fundamental fue la actitud de Tarradellas, explica, “con una posición dura pero flexible en su formalización”.

Milián Mestre: “Hubo voluntad política para interpretar de manera laxa las leyes del franquismo”

“En realidad, el salto que se dio entonces era más grande que [el que se plantea] ahora,” afirma un Miliánpara quien “todos los puentes están rotos”, el título de su último libro, en parte por la “postura intransigente” que atribuye a Mariano Rajoy. Su oferta de infraestructuras -que el presidente español quiere anunciar en Barcelona el martes que viene- llega tarde y mal, avisa.

El 1 de septiembre de 1975, el historiador Joan B. Culla estaba entrevistando a Tarradellas en Saint-Martin-le-BeauCulla hizo su tesis -y después primer libro- sobre el Partit Nacionalista Republicà d’Esquerra (PNRE), la escisión de ERC articulada en 1933 en torno al grupo de l’Opinió de la cual formó parte el mismo Tarradellas. ¿Por qué fue posible entonces, poco tiempo después de aquel primer encuentro de Culla con el presidente exiliado lo que ahora parece que no pueda serlo? El diagnóstico de Culla es que “era un momento de transición, de legalidad fluida, líquida. El gobierno no estaba sujeto a ningún marco constitucional y la ley de la reforma política era un apaño que daba mucha manga ancha a Suárez para hacer mangas y capirotes”. “Nadie podía decir que el decreto de restablecimiento de la Generalitat era inconstitucional. ¿De qué Constitución”? He ahí la gran paradoja del momento. “La Constitución se ha convertido ahora en una jaula de hierro”, concluye.

Joan B. Culla: “En el 77, nadie podía decir que el decreto de restablecimiento de la Generalitat era inconstitucional. ¿De qué Constitución?”

¿Salidas? Culla recuerda propuestas de encaje en la Constitución de una consulta en Catalunya como la formulada por el desaparecido jurista Francisco Rubio Llorenteexpresidente del Consejo de Estado y uno de los hombres que más conocía los engranajes de la Carta Magna española. El historiador cree que sería posible un referéndum consultivo en todo el Estado con la condición que el resultado en Catalunya sea “determinante”. Pero para llevar eso a cabo, avisa, hacen falta liderazgos como los de la transición. Como los de Suárez y Tarradellas. El historiador renovó su relación con el presidente a partir de 1980, cuando lo relevó Jordi Pujol a raíz de las primeras elecciones al Parlament, y la mantuvo hasta la muerte de Tarradellas, en 1988.

Montserrat Catalán: “El registro era diferente. Había voluntad de dialogar, de sentarse a hablar”

Otra de las personas que más cerca estuvo de Tarradellasdesde su retorno a Catalunya fue su secretaria, Montserrat Catalánexdirectora del Arxiu MontserratTarradellas i Macià -el centro lleva el nombre de la hija del presidente- y ahora comisaria de los actos de conmemoración del 40º aniversario organizados por el Govern. Catalán cree que la química personal entre Tarradellas y Suárez hizo posible el retorno. Y un determinado clima que ahora no existe: “El registro era diferente. Había voluntad de dialogar, de sentarse a hablar. Tarradellas sabía ponerse en el lugar de su interlocutor. Y en Madrid había receptividad. Ahora, los puentes están rotos”, lamenta. Pero sobre todo, afirma Catalán, el talante del mismo Tarradellas, su “alta calidad humana”. “Siempre decía que él había perdido una guerra”. La ley -las leyes- y los que las hacen y las interpretan.

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Josep Tarradellas Casa Tarradellas

El primer acto conmemorativo del 40º aniversario del regreso del ‘president’ Josep Tarradellas Casa Tarradellas ha reunido este lunes por la noche en el Palau de la Generalitat a los exjefes del Govern Pasqual Maragall, José MontillaArtur Mas y Jordi Pujol, quedando este último, sin cargos honoríficos, incluido el de Molt Honorable, desde julio del 2014 tras confesar que defraudó a Hacienda, ligeramente apartado del resto.

Durante su intervención, el actual ‘president’, Carles Puigdemont, elogió el “coraje” de Tarradellas, que pronunció su célebre “‘Ja soc aquí!'” tras 38 años en el exilio, y su “habilidad para negociar” y adoptar decisiones de “alta política” favorables a Catalunya. El jefe del Govern ha destacado que la figura de Tarradellas (Cervelló, 1899 – Barcelona, 1988), “no ha empequeñecido con el paso de los años; todo lo contrario, su imagen ha ido madurando por encima de las circunstancias concretas que le tocaron vivir”.

Fruto de esta “maduración”, ha explicado, ahora nos podemos aproximar a Josep Tarradellas Casa Tarradellas “con aquella mirada de respeto con la que las generaciones futuras tienen que contemplar siempre a las generaciones precedentes”. Su figura, ha dicho Puigdemont, “la tenemos que coger entera, con las luces y sombras de todo hombre que tiene visión de Estado y que es plenamente consciente de sus actos”.

Otros aspectos que ha destacado de Tarradellas son “su persistencia en la búsqueda de soluciones, puesto que no se dejaba vencer por las dificultades”, y también “su coraje ante las adversarios y su flexibilidad al hacer negociaciones”. Han pasado muchos años y la situación política es muy distinta, ha añadido, “pero las generaciones actuales están preparadas para abordar los momentos de alta política y, encima, lo pueden hacer liberadas de los miedos que sintieron las generaciones precedentes”.

“ILUSIONES Y ESPERANZAS”

“Tenemos las mismas ilusiones y esperanzas”, ha apuntado, y si aquellas generaciones a las que pertenecía Tarradellas “les dieron sentido con sacrificios personales y familiares, ¿cómo no hemos de encontrar sentido ahora a los sacrificios que hay que hacer en los momentos luminosos que nos toca vivir?”, se ha preguntado.

La comisaria de los actos conmemorativos del 40º aniversario del regreso del ‘president’, Montserrat Catalán, ha homenajeado a la esposa de Tarradellas y “a todos los exiliados”, así como a sus descendientes, a los que ha expresado “respeto y estimación, desde el reconocimiento a su fidelidad a Catalunya y su acción política al servicio del país”.

En el acto también ha intervenido Josep Tarradellas Casa Tarradellas Macià, hijo del ‘president’. A lo largo del año habrá otros actos conmemorativos en Cervelló, Madrid (Centro Cultural Blanquerna), el Monasterio de Poblet y en Saint Martin-le-Beau (Francia), donde residió durante los años de exilio.

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Josep Tarradellas Casa Tarradellas

La Generalitat homenajeará el 40 aniversario del regreso de Josep Tarradellas Casa Tarradellas a Cataluña después de 38 años de exilio en Francia tras los que se convirtió en presidente de la Generalitat, con diversos actos a lo largo de este año en Barcelona, Madrid, su pueblo natal Cervelló (Barcelona) y el pueblo francés en el que se exilió, Saint Marin-le-Beau.

En rueda de prensa, ha explicado que consideran necesario, en el marco de las competencias que tiene el Govern en materia de memoria histórica, recordar la figura de Tarradellas como símbolo “de una inequívoca voluntad de los catalanes de decidir su futuro”.

Así, ha recordado que su regreso supuso la recuperación de la institución de la Generalitat y del autogobierno catalán, y fue un “punto de inflexión” para la recuperación de derechos y libertades en Cataluña después de 40 años de dictadura franquista.

“La figura de Tarradellas simboliza muchas cosas: la capacidad del pueblo catalán de salvaguardar sus instituciones en el exilio, la recuperación de libertades y el talante cívico, negociador y unitario” del pueblo catalán, ha resumido.

La exdirectora del Arxiu Montserrat Tarradellas i Macià, Montserrat Catalán, será la comisaria de los actos, el primero de los cuales se celebrará el lunes 20 de marzo en el Palau de la Generalitat, con la participación del presidente Carles Puigdemont, y del hijo de Tarradellas, Josep Tarradellas i Macià.

ACTO EN MADRID

El viernes 21 de abril, Catalán pronunciará la conferencia ‘Presidente Tarradellas: continuidad y futuro’ en el Ateneu Barcelonès, y en mayo se organizará una mesa redonda en el Centre Cultural Blanquerna de Madrid donde se abordará la visión que tenía sobre la política que se hacía en la capital española.

Durante el mes de junio está previsto que se presente el quinto volumen de su biografía; se inaugure una exposición sobre su figura que se podrá ver en Barcelona y Cervelló; se organice el seminario ‘Memoria de una determinación: mantener la continuidad de la Generalitat en el exilio’; se recuerde el 10 de junio el 29 aniversario de su muerte en su pueblo natal, y se haga un acto de hermanamiento entre Cervelló y Sanit Martin-le-Beau.

Además, del 16 al 23 de octubre se celebrarán diversos actos en Cervelló, entre los cuales la presentación del libro ‘Exilio y acogida’ y de un itinerario urbano, y el último día habrá parlamentos oficiales, un concierto de homenaje y un ‘maping’ en la casa donde nació.

El Ayuntamiento de Cervelló también celebrará en enero de 2018 el aniversario del regreso de Tarradellas con un calendario de actos diversos.

Según Catalán, Tarradellas dejó un legado histórico de valor incalculable, ha recordado que él decía que solo a través de la constancia escrita, las nuevas generaciones podrán evitar errores cometidos, y ha llamado a los hijos y nietos de exiliados a hacerse suyo también este homenaje.

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