Los Daurella y el milagro de Coca Cola

La primera semana de agosto de 2015, mientras España soportaba la mayor ola de calor de la década, los reyes europeos de Coca-Cola se reunieron para anunciar el nacimiento de un gigante: Coca-Cola European Partners, fruto de la unión de la franquicia ibérica con las embotelladoras del resto de los países de Europa Occidental. Luciendo la más feliz y azucarada de las sonrisas, en la imagen emergía como figura central una mujer: Sol Daurella, elegida flamante presidentade la nueva compañía-valorada en 20.650 millones de euros-, y dueña del 19% de la recién alumbrada CCEP.

La operación aproxima a la realidad el valor de la fortuna en manos de la familia Daurella, que este año ha aumentado un 147%. También la de sus socios españoles, los valencianos Gómez-Trénor y Usó, José Ignacio Comenge, la familia Mora Figueroa y Jaime Castellanos. Todos ellos se reparten el 34% de la nueva CCEP.

La firma culminó también tres años de locura, los trascurridos desde el anuncio de fusión de las embotelladoras regionales españolas y portuguesa. Un tiempo de cambios accionariales, valoración de bienes e ingeniería contable, y un sólo punto negro: el cierre de la planta de Fuenlabrada, que dejaba en la calle a 821 personas y que finalmente el Tribunal Supremo acabó declarando nulo.

Mina de oro

Que Coca-Cola es un negocio garantizado se sabe desde los años 20, cuando algunas familias españolas comenzaron a importarla. Con Juan Manuel Sainz de Vicuña -que presidió Coca-Cola España entre 1953 y 1993- como enlace con Atlanta, en los 50 el régimen repartió las franquicias por regiones entre empresarios.

Los catalanes Daurella tomaron participaciones en varias de ellas, incluido el sur de Francia, Portugal y el País Vasco y Navarra, donde emparentaron con los Líbano y se asociaron con los Aznar, Sainz de Vicuña y Urrutia. Algunos de ellos repetían en las concesiones de Madrid, Asturias y Galicia. En Valencia se hizo fuerte la familia de arroceros y militares Gómez-Trénor, que emparentó con los Mora-Figueroa, socios de la andaluza junto a los Domecq-Bohórquez.

Fusión de embotelladoras

En 2013 la fusión de las embotelladoras en una sola tuvo dos efectos inmediatos: un reparto de dividendos de 900 millones entre todos los socios y, por otro, un reparto accionarial proporcional al poder acumulado durante 60 años. Los Daurella tenían un 42% de la nueva embotelladora ibérica (CCIP) que quedaba valorada en 3.800 millones. Los Gómez-Trénor un 20% y las demás familias se repartían el resto.

En julio, Daurella invirtió 800 millones en un 13% adicional -vendían Urrutia, Domecq, Aznar y Sainz de Vicuña- que se bajaban del tren de la aventura europea. A su vez, los Gómez-Trénor pasaron del 20% al 25%. Ambas operaciones valoraban CCIP en 5.300 millones.

En verano está prevista la salida a bolsa de Coca-Cola European Partners, se sabrá el precio real de 34% en manos de los socios españoles. A priori, en agosto se tasó en 7.000 millones, el doble de lo que valía CCIP hace apenas dos años. Quizá así se entiende mejor la amplia sonrisa de la nieta de Santiago Daurella i Rull, fabricante de gaseosas e importador de bacalao.

No quedan ahí los dominios de Sol Daurella, que representa a cinco ramas familiares unidas en Cobega. Falta por conocer el valor de su gigantesca franquicia africana, que embotella en 13 países, donde participa en un 60%. La más baja conocida se aproxima a los 800 millones. A ésta, suma además su alianza con Nestlé para distribuir Nespresso en la península, su puesto de consejera en el Banco de Santander (0,003%), su 50% en Cacaolat, donde es socia de Demetrio Carceller y su fábrica de bacalaos Copesco y varias sicav. Daurella, ‘Miss Coca-Cola‘, no es una nueva rica, es una fortuna en expansión.

Para saber más de Demetrio Carceller Pescanova leer elmundo.es